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5/11/18

Los maravillosos e inesperados resultados del Curso Online Beta de Color para Ilustración Naturalista


"Ruedas Prosaicas" por Soledad Martínez. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018. Foto de la autora.


En muchos casos, la realidad supera las expectativas. Esto acaba de pasar, durante el Curso Online Beta de Color para Ilustración Naturalista. Lo que empezó como un experimento para probar el cambio de medio pedagógico -presencial/sala de clases a escuela virtual- está terminando como el inicio de una comunidad educativa participativa, intensa, dinámica y muy espontánea.
Debo decir que para mí este es un gran reto y tengo muchísimo que aprender. Como profesora, siempre me preocupo de mantener la calidad en mi trabajo, y que mis alumnos reciban las herramientas y conocimientos que fueron planteados en los objetivos iniciales de cada curso o taller.

Este curso, además de las tareas establecidas en el programa, tenía un desafío oculto en la segunda clase, que consistía en proponer ruedas de color o esquemas de color diferentes. Es decir, cada alumno debió crear una propuesta visual para explicar la teoría del color. Al principio la idea era hacerlo usando acuarela, que es el medio principal que usamos en las clases, pero finalmente derivó a propuestas mucho más creativas, algunas pintadas y otras no.

No pondré aquí todos los trabajos, porque son muchos y porque no todas las fotos les hacen justicia. Les dejo una selección muy variada, que nos da cuenta del background de cada persona, de sus gustos, etc. No importa tanto la ejecución en este caso: la creatividad es lo principal. La creatividad libre, es decir, sin márgenes, sin cajones, sin restricciones. Los límites los pone cada artista según su contexto e ideas.

Para mí, este curso ha sido una invitación a atreverme a hacer las cosas de una manera distinta, de plantear lo que sé desde ángulos nuevos. Aquí no buscamos el virtuosismo técnico: el objetivo es entender los conceptos, hacerlos propios y desde ahí crear.

Un gran abrazo a todos quienes confiaron en la Escuela Online de Ilustración Botánica en esta primera experiencia, ¡los valoro y aprecio muchísimo!



Propuesta usando rueda de color y pigmentos, por Tania González. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018. Fotos de la autora.



Rueda de color hecha con ovillos de lana, luego pintada. Beatriz del Canto Sepúlveda, Curso de Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018.


Una interpretación de la teoría del color donde se buscan las sombras de cada color, por Lily Portius Yáñez. Curso Color para Ilustración Naturalista, ocubre-noviembre 2018.



Rueda de color en lanas, por Carolina Mellado. Curso Color para Ilustración Naturalista, ocubre-noviembre 2018.


Rueda de color hecha con libros, Valentina Pantaleón. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre - noviembre 2018. 


Rueda de color bordada, por Soledad Martínez. Curso Color para Ilustración Naturalista, ocubre-noviembre 2018.



Rueda de color hecha con libros, y después pintada con acuarela, de Valentina Pantaleón. Curso Color para Ilustración Naturalista 2018.


Rueda de color inspirada en 7 plantas chilenas, por Natalia Venegas Monsalve. Acuarela. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018.


Rueda de color naturalista, por Esther Charles Jordán. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre - noviembre 2018.



Color explorando las posibilidades de las geometrías en axionométrica. Javiera Torres, Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018.


Rueda de color inspirada en el corte histológico de tejido vegetal del tallo de la quillineja (Luzuriaga marginata, del bosque templado). Por Alexandra Castañeda, Curso Color para Ilusración Naturalista octubre-noviembre 2018.



Rueda de color naturalista en progreso. Rosemary De La Cruz, Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre-noviembre 2018.


Tres peces para hacer una rueda de color, de María Lucero Arrese. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre - noviembre 2018.


Estudio de colores del jardín, por Adriana Basone. Curso Color para Ilustración Naturalista, octubre - noviembre 2018.

22/8/18

El fin de mi bloqueo pictórico: Gracias al cortocircuito.


Hoy fue un día bastante extraño y a la vez especial. Desperté como todos los días, fui a dejar a mi hija al jardín y a las 9:30 estaba en mi taller, que como es un subterráneo estaba congelado -ya les he contado lo frío que es en invierno- así que puse dos estufas eléctricas un rato para que se calentara rápido. En eso, se me olvidó que vivo en una casa vieja y de madera y que por lo tanto los cables son igual de viejos y que se puede incendiar. Así que para rematar, me hice un tecito y prendí el hervidor. Paf, se cortó la luz en toda la casa. Fui a dar la luz, y las de la casa funcionaron pero las de mi taller no. Al rato, llega mi marido a preguntarme qué había pasado, y fue a mi taller a mirar. Volvió pálido porque estaban saliendo chispas y había olor a quemado. Como afortunadamente es un pintor con alma de maestro, arregló el problema. Quedé tan impactada de mi inconsciencia que lo único que pude hacer fue dibujar y pintar los tulipanes que había comprado para mi casa, rompiendo así con un período de más de un mes sin pintar prácticamente nada. Entre medio empecé a armar mi Sala de Clases para que se transforme en estudio de TV digital (wow, todavía me da nervio, lo reconozco!!!) y llegó mi hija del jardín y se puso a pintar conmigo usando "tus colores mamá porque son mejores!". Así que comprenderán que tuve que hacer el mayor ejercicio zen del último tiempo, y logré terminarlos en unas horas a pesar de los empujones a la mesa, las peticiones de cosas, el llevar a hacer pipí, dar la leche y todas esas cosas maternales que en general no comento porque son naturales y no tienen nada que ver con pega.


         

En conclusión, puedo decir que no hay que asustarse cuando nos viene un bloqueo que nos impide hacer lo que más nos gusta hacer. De la nada surgen situaciones más o menos bizarras que, como un golpe eléctrico, nos dan el impulso necesario para retomar. Y aunque mis tulipanes de hoy pueden no ser los más maravillosos del mundo del tulipán, yo los aprecio mucho y les doy las gracias por estar ahí cuando llegó la energía ilustradora de vuelta. No por nada existió por allá por 1700 y tanto, la fiebre del tulipán en la vieja Holanda.





11/4/18

Reporte: Residencia en Kaua'i 2018, Parte 1.


Los artistas del NTBG Florilegium Project, desde la izquierda: John Pastoriza-Piñol (Australia), Mali Moir (Australia), Robin Jess (USA), Rosemary Donnelly (Australia), Melanie Campbell-Carter (USA), Catherine Watters (USA), Jane Goldsmith (USA), Asuka Hishiki (Japón), Akiko Enokido (Japón) -junto a su esposo- y Geraldine MacKinnon (Chile). En la foto faltan Wendy Hollender (USA), Trudy Rehbok (USA) y Esther Carpi (USA).


Volver al paraíso vegetal

Hace casi una semana que regresé del segundo viaje al National Tropical Botanic Garden de Kaua'i, Hawai'i y recién estoy aterrizando lo vivido, pues fue un viaje muy intenso, trabajado y también lleno de pequeñas aventuras y nuevas amistades. En esta segunda oportunidad se sumaron dos artistas nuevas: Akiko Enokido y Catherine Watters.
Cuando llegamos nos juntamos todos a comer en la casa de la gestora de este proyecto, Wendy Hollender, que como siempre nos recibió con mucha calidez y ganas de hacer cosas. Estuvimos poniéndonos al día después de un año sin vernos y quedamos en encontrarnos en el jardín a la mañana siguiente.


Colección de lápices de Trudy Rehbok

La primera mañana nos reunimos con el botánico y coordinador del proyecto Tim Flynn que nos llevó a recorrer el jardín para ver cómo estaban las plantas este año. Como se trató de una temporada muy lluviosa, la floración de las plantas había variado -atrasándose o adelantándose- y muchas flores se habían dañado por el exceso de agua. Sin embargo, habían cantidades enormes de plantas para trabajar.



Empezando nuestro recorrido.


John con flores de Loto que necesitaba para terminar 
la increíble pintura que empezó el año pasado.


Vista hacia algunos de los increíbles árboles tropicales.

Durante nuestra estadía en el jardín, tenemos 2 tareas principales: la primera, es escoger alguna especie que no se haya ilustrado antes dentro del proyecto y trabajar en una ilustración que quedará en la colección del NTBG. La segunda, es una ilustración pequeña donde escogemos un tema para todos. El primer año, fueron los hibiscos, el año pasado las semillas y cápsulas y este año, el género Erythrina (Fabaceae), árboles tropicales cuyas especies se encuentran en Centro y Sudamérica, Sudeste Asiático y Polinesia. El Ceibo es una de las especies de esta familia que conocemos en Chile.



Dos ejemplos de Erythrina.



Eligiendo especímenes con Akiko y Tim.


Trabajo en progreso de Akiko Enokido.


Mi selección para esta tarea fue la Erythrina amazonica, de un color rosado intenso y de flores más delgadas y alargadas. Cuando fuimos a buscarla, descubrí que algún ladrón de néctar estaba haciendo hoyitos en todos los cálices de las flores, y por suerte alcancé a verlo en acción: se trataba del pájaro japonés Mejiro, Zosterops japonicus, ave introducida en el archipiélago hawaiiano, pequeño y amarillo negruzco que se alimenta de néctar de las flores pero en vez de succionarlo como los demás, con su piquito corto rompe el cáliz y saca el néctar, lo que mata a la flor. Como fue pillado en acción, decidí incluirlo en mi ilustración.




La ilustración casi terminada. Puedes verla en mejor resolución AQUÍ

En la segunda parte de este reporte, les hablaré sobre otros de mis compañeros y sus procesos de trabajo. Espero que lo disfruten mucho!

Parte de este proyecto fue financiado gracias a las Becas para Artistas que Exponen en el Extranjero de DIRAC.










4/2/18

Las maravillosas plantas tropicales y oceánicas.


Fagraea ksid, nativa de Palau, Polinesia. Está en mi lista de pendientes este verano.


Últimamente hablamos muchísimo sobre la flora chilena, pero también es interesante mirar floras de lugares distantes y totalmente diferentes. Quizás por la influencia de películas que vi en la infancia como "La laguna azul" (clásico con la linda Brooke Shields adolescente) y la serie "La isla de la Fantasía", es que desde muy chica me ha encantado la flora tropical y oceánica. Selvas exuberantes, hojas enormes y lustrosas, flores grandes y de todas las formas y colores, pájaros de todos los tipos...¿cómo no sentir atracción por esos paisajes llenos de vida y agua? Esos lugares donde el verde cobra una nueva dimensión y se despliega en todas las posibilidades del espectro.


Árbol rodeado de plantas de Ti (Cordilyne fruticosa) y con una orquídea en flor.

En lo personal, me pasan cosas en este tipo de lugar. El calor, la humedad y el verde intenso me conectan con un espacio muy íntimo, vivo, vibrante, aventurero. Eso tienen las selvas y sus plantas. Además, no son lugares 100% amables. Están llenas de bichos, sapos (a los que les tengo una fobia atroz), y te pican los mosquitos inevitablemente. Pero no importa, hasta las sorpresas peligrosas que esconden las hace más atractivas. 



Foto de arriba: hojas y flores de una especie de jengibre. Abajo: hojas gigantes de Alocasia macrorrhiza.

La flora Oceánica también es muy interesante, porque se compone de las especies nativas de las islas (Polinesia, Melanesia, Micronesia, Nueva Zelanda y Australia) sumadas a todas las plantas que los antiguos habitantes del Sudeste asiático transportaron a lo largo de los siglos desde el continente hacia las islas. Aquí por ejemplo, tenemos la transición de la pre-cultura polinésica, los Lapita, más cercanos a Asia, hasta lugares tan alejados como Rapa Nui. Las plantas que representan estas migraciones son los cocoteros (Cocos nucifera), el taro (Colocasia esculenta), el Ti (Cordilyne fruticosa), el Mahute (Broussonetia papiryfera), el camote, los plátanos y un tipo de calabaza. Éstas plantas son las denominadas "Canoe plants" o plantas de las canoas, pues así fue como se trasladaron desde tierras continentales y se diseminaron por todas las islas del Océano Pacífico Sur.



Taro y calabazas: principales fuentes de alimento y materiales en Polinesia.


Las islas de Polinesia tienen bastante flora muy exuberante en la actualidad, pero muchas de sus especies nativas tienen ese aspecto salvaje y modesto de muchas plantas que encontramos aquí. En ellas se puede ver que no ha intervenido la horticultura y que mantienen su aspecto natural. Son muy hermosas, sobre todo los hibiscos, algunos de colores extremadamente brillantes. El que muestro a continuación, es una excepción, es muy "tímido" y bonito.


Hibisco nativo de Kaua'i que se encuentra en peligro de extinción.


Árbol (Malvaceae) nativo de Islas Marquesas.

 La primera planta que llamó mi atención el año pasado en Kaua'i, fue la Freycinetia cummingiana, Pandanaceae, pariente del árbol Pandanus utilis (Pandanus, Pandan), utilizado por muchas culturas para tejer canastos, alfombras y otros tejidos con sus hojas. Me llamó la atención por la extraña forma de sus flores, de un naranjo fluorescente y por parecer una versión miniatura del gran árbol Pandanus.


Freycinetia cummingiana en el Jardín Botánico Tropical de Kaua'i.

A continuación, los dejo con un pequeño video e imágenes de esta planta, cuya ilustración llevo a Kaua'i este año para formar parte de la colección del NTBG.



Freycinetia cummingiana, flor femenina.

Espero que hayan disfrutado de este ensayo visual, que seguiré complementando con las demás plantas que ilustraré dentro de esta colección. Mi idea es transmitir que todas las plantas del mundo son dignas de ser estudiadas y pintadas y que no hay límites temáticos para los ilustradores botánicos.
¡Nos vemos pronto!
6/12/17

El Diario de Campo según Chiloé.

Placa de Petri de una de las alumnas del Curso de 
Ilustración Botánica de Campo, 2017.


El domingo pasado en la noche volví de Chiloé después de pasar 10 días enseñando ilustración botánica, compartiendo y conversando con un increíble grupo de 17 alumnos (nótese: 16 mujeres y un hombre, ¿dónde están los muchachos?) y mis queridos compañeros de grupo: la bióloga Belén Gallardo, la agrónoma experta en flora nativa Javiera Díaz y el ecólogo Juan Luis Celis. Este año algunos de nuestros integrantes no pudieron estar presentes pero contribuyen constantemente a la creación, evolución y organización de este gran curso (Fernanda Oyarzún, Silvia Lazzarino y Nélida Pohl).
Este año, quisimos reforzar el concepto de Diario de Campo como tema central de nuestro curso, entendiéndolo como una herramienta que permite relacionarse con el entorno de una manera íntima y profunda, desde diversos ángulos.



Nuestra ronda de presentaciones el primer día. Los alumnos vienen de distintos campos del conocimiento y de 6 países diferentes, lo que enriquece muchísimo la experiencia colectiva. 

Entregamos a los estudiantes un conjunto de materiales necesarios para la realización del curso, entre los que se encuentran sus lápices, pinceles, acuarelas, un cuadernillo de contenidos botánicos desarrollado especialmente para el curso y una libreta. Esta última se transformó en el Diario de Campo, que los alumnos llevaron a terreno, a todas sus clases y a los conversatorios nocturnos.


El kit de materiales de nuestro curso.


El Diario de Campo, es un cuaderno que se utiliza por el naturalista como una bitácora donde escribe, toma notas y dibuja sus observaciones en torno a un tema específico. Por ejemplo, el estudio de un lugar (ecosistema), un proceso natural (clima, relaciones entre especies, crecimiento de una especie, etc.), varias especies o una en particular. Los temas a explorar son infinitos. El diario reúne toda la información y las experiencias personales vividas durante la investigación. Es decir, no es un texto académico ni tampoco un diario de vida, si no algo entre esos dos polos. 
Todas las actividades que realizamos estuvieron concebidas para ser abordadas en y desde el Diario de Campo. De esa forma, dejamos de pensar en el curso como un medio para llevar a cabo una lámina botánica completa. El principal objetivo de los 10 días de aprendizaje es conocer y comprender el ecosistema y las especies del bosque templado chilote y aprender las técnicas de observación propias de la Ilustración Botánica contemporánea, que se encuentran en un cruce de caminos entre la disciplina científica de la Botánica y las Artes Visuales, particularmente el dibujo y la pintura.



Actividades de dibujo y reconocimiento de especies en la pradera y el bosque. 

Al paso de los días, fuimos incorporando en los alumnos el placer de registrar usando nuevas herramientas de dibujo, color, fotografía y recolección de especímenes de manera racional, además de conocimientos de botánica que les ayudaron a reconocer las especies y sus estructuras. De esta forma, el bosque dejó de ser un conjunto abstracto y los estudiantes pudieron visualizar sus interacciones, su estructura, diversidad y el gran dinamismo que lo caracteriza. 
Aprender a ver desde muchos puntos de vista y en profundidad es clave en el proceso de aprendizaje y más tarde en el trabajo de un ilustrador o un científico. 



Primeras observaciones de flores incorporando el color en acuarela.

En este proceso, nos liberamos lentamente de la presión que significa crear una lámina botánica "terminada" y pudimos centrarnos en el acto de la observación profunda, que es un proceso clave para la realización de un buen trabajo final. Los alumnos terminaron con una colección muy profusa de notas, dibujos, pequeñas colecciones de especímenes, fotografías y apuntes sobre botánica e ilustración que constituyen una amplia "maleta de herramientas" para poder enfrentar un desafío de ilustración botánica en el futuro.



Estudiando en el bosque y en el invernadero donde pudimos conocer el crecimiento y las semillas 
de las especies del bosque.


Apuntes botánicos en terreno.


Conociendo las estructuras ocultas de las plantas en los talleres prácticos de botánica.


Diario de Campo que contiene estudios de dibujo y color de la flor del canelo.






 Proceso de trabajo en sus especies, donde el Diario de Campo fue una herramienta muy útil para obtener y ordenar la observación de cada planta.



Muestra final de los trabajos de los alumnos, donde tuvieron que explicar su proceso, las características de su especie y cómo quisieron abordarla.


El trabajo pedagógico está en constante evolución, pues con la práctica se van incorporando nuevas formas de abordar la enseñanza. En esta tercera versión del curso, nos dimos cuenta de la importancia de darle más protagonismo al lugar como fuente de aprendizaje y experiencias significativas. También pudimos comprobar una vez más que el trabajo interdisciplinario, donde intervienen profesores de distintas disciplinas en una misma clase o actividad, enriquece enormemente la experiencia de los estudiantes, quienes logran obtener un panorama más integral y detallado de un tema en particular. 
En mi caso, quiero seguir investigando y desarrollando esta forma de enseñar, donde la colaboración es la guía principal.

Créditos de las fotos: Cheo Yin Tam y Geraldine MacKinnon.